Otro lugar común                               Rubén A.M.  (1991)

 

Mordida una mitad de mi virginidad y en tanto que mordidos

mi toque de cristal, mi set para jugar, mi cabellera y mi salud,

me huellan un vulgar sabor a antigüedad y el medioevo donde hoy

depongo mi arsenal, mi tramo de inmortal, mi corcel.  

 

Mordido del rigor del polvo y el reloj, espalda a los molinos,

sin lanza y sin honor, errático y deudor y un tanto atrás mi juventud,

cierro mi caracol, afuera, bajo el sol, me están mordiendo una mitad,

y empiezo a hablar a Dios, a proteger mi voz, a dudar.

 

Trocando en ironía cada fantasía me amurallo un tanto en la canción,

le sonrío al viejo que desde el espejo me sugiere, cínico, el confort

de la intranscendencia y su conveniencia, del detalle de la contención,

de la doble vida, de la fe perdida.

 

Ya no sabré partir, fundar y compartir sin agotar motivos,

mi arrojo y mi blue jeans serán solo un ardid de tragicómica función,

trampado en el redil procuraré la vid salva de otro cosechador

y velarán por mí las rabias que mordí, las que debí gritar:

mi paz no tuvo hogar, ni rostro mi moral, mi justicia fue un mito,

mi Dios: un alemán, mi culto: militar, mis fronteras: la insurrección,

mi patria: una abstracción de otra generación (todo un motivo para envilecer)

mi libertad: un burdo vocablo de discursos, una falacia más.

 

Y en tanto que callé me procuré la fe, no me mordió el olvido,

yo sé de una mujer que apostará a mi piel y alegará que alguna vez

yo tuve un sueño loco de llegar, yo tuve un miedo enorme de morir,

que alguna vez yo tuve un porvenir y una verdad.

 

Ahora suelo citar a Borges y a San Juan, las rabias y el olvido,

mi infancia frente al mar, los años que se van y algún otro lugar común,

ya nada he de esperar, no existe otra mitad pues mi futuro ya pasó

y a mi virginidad una mordida más le dio.