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Otro
lugar común
Mordida
una mitad de mi virginidad y en tanto que mordidos mi
toque de cristal, mi set para jugar, mi cabellera y mi salud, me
huellan un vulgar sabor a antigüedad y el medioevo donde hoy depongo
mi arsenal, mi tramo de inmortal, mi corcel.
Mordido
del rigor del polvo y el reloj, espalda a los molinos, sin
lanza y sin honor, errático y deudor y un tanto atrás mi juventud, cierro
mi caracol, afuera, bajo el sol, me están mordiendo una mitad, y
empiezo a hablar a Dios, a proteger mi voz, a dudar. Trocando
en ironía cada fantasía me amurallo un tanto en la canción, le
sonrío al viejo que desde el espejo me sugiere, cínico, el confort de
la intranscendencia y su conveniencia, del detalle de la contención, de
la doble vida, de la fe perdida.
Ya
no sabré partir, fundar y compartir sin agotar motivos, mi
arrojo y mi blue jeans serán solo un ardid de tragicómica función, trampado
en el redil procuraré la vid salva de otro cosechador y
velarán por mí las rabias que mordí, las que debí gritar: mi
paz no tuvo hogar, ni rostro mi moral, mi justicia fue un mito, mi
Dios: un alemán, mi culto: militar, mis fronteras: la insurrección, mi
patria: una abstracción de otra generación (todo un motivo para
envilecer) mi
libertad: un burdo vocablo de discursos, una falacia más. Y
en tanto que callé me procuré la fe, no me mordió el olvido, yo
sé de una mujer que apostará a mi piel y alegará que alguna vez yo
tuve un sueño loco de llegar, yo tuve un miedo enorme de morir, que
alguna vez yo tuve un porvenir y una verdad. Ahora
suelo citar a Borges y a San Juan, las rabias y el olvido, mi
infancia frente al mar, los años que se van y algún otro lugar común, ya
nada he de esperar, no existe otra mitad pues mi futuro ya pasó y
a mi virginidad una mordida más le dio.
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